Embracing Vulnerability: A Path to Authentic Living and Shared Humanity

Oct 18th/ 2023

In a world often driven by the pursuit of invulnerability, we frequently overlook the beauty of embracing vulnerability as a pathway to authenticity. Our society has long associated vulnerability with weakness, a flaw to be hidden rather than celebrated. However, it's time to rewrite this narrative and acknowledge vulnerability as a virtue that allows us to express our true selves, fears, hopes, and all.

Consider this: in a world where we meticulously curate our online personas, showcasing only the highlight reels of our lives, vulnerability shines as a beacon of authenticity. It's the willingness to lay bare our uncertainties, doubts, and struggles, fostering genuine connections and fostering empathy. By allowing ourselves to be vulnerable, we create space for others to share their own vulnerabilities, fostering a community built on trust and understanding.

Although vulnerability is often labeled as a feminine trait, we must recognize that it transcends gender boundaries. It's a human right to express and share our authentic selves, irrespective of societal norms or expectations. Authenticity knows no gender; it's a fundamental element of our shared humanity.

The Buddhist concept of Shared Humanity serves as a powerful reminder that we all experience a spectrum of emotions, encompassing both joy and sorrow. It's a recognition that we are never alone in our feelings, that our experiences resonate with the collective experiences of humanity. This profound interconnectedness offers solace and reassurance, urging us to navigate our emotions with mindfulness and compassion.

By embracing vulnerability and acknowledging our shared humanity, we contribute to a world where empathy and understanding flourish. As we learn to regulate our emotions and cultivate genuine connections, we play a vital role in alleviating the burden of suffering within our communities and beyond.

So, let us embrace vulnerability not as a flaw, but as a courageous act of self-expression. Let us recognize its power to build bridges, foster empathy, and create a more compassionate world. As we continue on our individual journeys, may we always remember that our shared vulnerabilities are the threads that weave us into the intricate fabric of human existence, binding us together in the tapestry of life.

Adri’s ideas and tone, Chat GPT’s assemble work.

Unlocking Inner Peace: The Secret to Daily Mental Hygiene

Oct 11th/ 2023

Reading a Dalai Lama book, I found myself pondering a crucial aspect of our lives that deserves the spotlight. You see, none of us enjoy suffering, whether it's physical pain or the emotional turmoil that sometimes engulfs us. Yet, when it comes to intentional self-care for our minds and hearts, we often choose to neglect it, falling back on the convenient excuse of not having enough time.

As we journey through the daily hustle and bustle of life, we find ourselves entangled in a relentless cycle of responsibilities, obligations, and distractions. Our schedules are packed to the brim, leaving us with little or no room to pause and tend to the well-being of our minds and hearts. It's as if we've willingly accepted that we can function on autopilot, neglecting the inner realms that govern our thoughts, emotions, and overall mental health.

In a world that reflects societal norms and expectations, our own lives are often shaped by external pressures, leaving us with little time to reflect on our mental and emotional landscapes. We've grown accustomed to this way of living, believing that there's simply not enough time to dedicate to our own emotional and psychological upkeep.

But what if I told you that it's time to challenge this notion? Let's take a moment to reconsider our priorities and understand that our minds and hearts deserve daily care, just like our physical bodies.

Think about it this way: about a century ago, the act of brushing our teeth daily wasn't ingrained in our daily routines. It was a novel practice. Fast forward to today, and it's a non-negotiable habit. We've come to understand the importance of oral hygiene and how it contributes to our overall well-being.

In the same vein, we can acquire the habit of cleaning our minds and hearts. It doesn't have to be a time-consuming endeavor. Just as we dedicate a few minutes each day to brushing our teeth, we can allocate a few precious moments to meditate, reflect, or engage in activities that nurture our mental and emotional health.

Consider it a daily mental floss for your mind and a heartfelt toothbrush for your emotions. This small but meaningful commitment can help us maintain emotional balance, reduce stress, and build resilience in the face of life's challenges.

In a world where time is a precious commodity, let's embrace the idea that we have the power to make daily choices that benefit our mental and emotional well-being. Let's redefine self-care by prioritizing the care of our minds and hearts, no matter how busy life may seem.

In closing, let's bid adieu to the old excuse of not having enough time and welcome a new habit into our lives – the habit of daily mental and emotional care. Just as we've embraced the practice of cleaning our teeth, we can embark on the journey of cleaning our minds and hearts, ensuring that they stay healthy and vibrant. After all, we owe it to ourselves to live a life that's not only beautiful on the outside but peaceful and balanced within.

Adri’s ideas and tone, Chat GPT’s assemble work.

Qué placer…

Sept 25/ 2023

¡Me encanta la expresión "un placer conocerte"! Suena tan halagadora y nos invita a disfrutar de la socialización y conocer a nuevas personas.

A veces, parecemos evitar la palabra "placer", tal vez porque la asociamos principalmente con la intimidad. Pero, en realidad, el placer está en todos lados y en cada momento de nuestra vida.

Puedes sentirlo al escuchar la voz de un ser querido, al contemplar un hermoso atardecer, al disfrutar de la brisa en un día caluroso, al oler el aroma de un café recién hecho o al saborear la jugosidad de una fruta. El placer está ahí cuando agudizamos nuestros sentidos y vivimos en el presente. Entonces, ¿cuándo falta el placer? Sucede cuando nuestra mente divaga, cuando estamos en piloto automático, cuando no estamos realmente presentes para escuchar, sentir, observar, oler o degustar.

Imagina la maravillosa oportunidad de sentir placer en cada momento. ¿Cómo sería tu vida si te permitieras disfrutar constantemente de las pequeñas alegrías? Visualiza saborear cada comida con atención a sus aromas, texturas, temperaturas, formas y sabores. Imagina escuchar a alguien con toda tu presencia en lugar de pensar en tu próxima respuesta ingeniosa. Visualiza detenerte y maravillarte ante la magnificencia de los árboles y las flores en tu camino. Piensa en sentir cada abrazo como un gesto de aprecio y reconocimiento en lugar de darlo por sentado.

Cada momento del día te ofrece la oportunidad de experimentar placer, de vivir plenamente, de respirar y ser. El truco está en priorizar el placer sobre el constante flujo de pensamientos. Afortunadamente, podemos entrenarnos para vivir con placer, que es la forma en que estamos diseñados para vivir. Tenemos cinco sentidos, cinco formas de experimentar placer, y en todo lo que hacemos, podemos usar varios de ellos para disfrutar.

Tomemos como ejemplo una simple ducha. Cuando te duchas, ¿lo haces mecánicamente o realmente te sumerges en la experiencia? ¿Sientes el agua acariciando tu piel, el aroma del jabón, la transformación del líquido en espuma, el sonido relajante del agua cayendo? Estar presente en la ducha te regala múltiples placeres, seguidos de gratitud y aprecio como bonus, simplemente por estar aquí y ahora.

Este enfoque no se limita a la ducha; se puede aplicar a cepillarte los dientes, lavar los platos, barrer la casa y sentir las sábanas al acostarte. En resumen, date el permiso de experimentar el placer, elige estar atento a tus sentidos y ábrete a nuevas experiencias en cada momento. Comienza con la ducha y, gradualmente, incorpora más actividades que quieras vivir desde el placer. ¡Te garantizo que transformará tu vida!

Escrito por Adri, revisado por Chat GPT.

Amor y Amistad: un recordatorio diario de nuestra unión como seres humanos

Sept 16

Amor y Amistad: Un Recordatorio Diario de Nuestra Unión como Seres Humanos

Espero que alguno de estos títulos sea de tu agrado o te inspire. ¡Si necesitas más ayuda, no dudes en preguntar!

Hoy celebramos el Día de Amor y Amistad en Colombia, y el ambiente está lleno de romance en los restaurantes y el dulce aroma de las flores por todas partes. Es una hermosa excusa para expresarnos y demostrar cuánto nos importamos.

Pero, en realidad, para mí, todos los días son días de Amor y Amistad. Cada día nos brinda la oportunidad de mostrar cariño, aprecio y admiración a quienes comparten nuestras vidas, ya sea en casa o en el trabajo. A veces, es fácil enfocarnos en las fallas o lo que no funciona en las personas que nos rodean, debido a nuestra mente, que a menudo se inclina hacia lo negativo como una forma de protección.

Es por eso que debemos entrenarnos para, independientemente de lo que veamos en los demás, ofrecer nuestros dones genuinamente desde lo más profundo de nuestros corazones. Cuando hablo de servir, no me refiero necesariamente a hacer favores o asumir tareas que no nos corresponden, sino a regalar nuestra presencia en una conversación, nuestra paciencia en momentos de tensión y nuestra consideración cuando alguien se siente frustrado o confundido. Hablo de servir a través de nuestra Inteligencia Emocional, creando un espacio para responder en lugar de reaccionar impulsivamente. Sé por experiencia propia que estos gestos son más efectivos y significativos que un chocolate 80% de cacao. Y estos actos a menudo son mucho más valorados debido al esfuerzo que conllevan.

Imagina que, en lugar de responder agresivamente a un comentario desagradable, puedes distanciarte y responder con comprensión y alternativas. ¡Esto requiere práctica! Pero la buena noticia es que con voluntad, determinación y constancia, puedes aprender herramientas para cuidar tu salud mental.

Este acto de "servir" no solo beneficia a los demás, sino que también mejora tu propia felicidad. Ayudar y estar dispuesto a ayudar a los demás fortalece uno de los cuatro circuitos independientes en nuestro cerebro que generan felicidad (hablaremos de los otros tres más adelante). Como seres humanos, estamos conectados a la cooperación, la compasión y la generosidad. Así que cada vez que sientes el impulso de hacer algo por alguien más, no es solo porque eres una "buena persona", sino porque estás en sintonía con tu esencia fundamental. Y esa congruencia te brinda alegría, satisfacción y placer.

Personalmente, encuentro fascinante este circuito de la felicidad. Por lo tanto, en mis objetivos diarios, trato de responder a la pregunta: "¿Cómo puedo servir hoy?" A veces, las respuestas son simples, como sonreír a tres extraños en la calle; otras veces son más específicas, como evitar interrumpir a mi novio, y en ocasiones son tareas prácticas, como ordenar la casa. Sea cual sea mi objetivo de servicio ese día, experimento la satisfacción de lograrlo y sé que, incluso con acciones pequeñas, contribuyo al cambio en nuestra humanidad. Estamos evolucionando hacia la percepción de que somos una totalidad, seres interconectados y sintientes.

Así que hoy, en el Día del Amor y la Amistad, te deseo felicidad, pero también te la deseo mañana, pasado mañana y en todos los "hoy" que vengan.

Escrito por Adri, revisado por Chat GPT.

How to deal with AI?

Aug 23rd

Listen closely, because I won't mince words here. We're diving headfirst into the realm of AI, and whether you're ready or not, it's happening. Personally, I've got mad respect for ChatGPT – it's a powerhouse of utility.

But hold up, let me tell you about something that got under my skin last week. I stumbled upon a LinkedIn blog, and guess what? At the end of that spiel, there it was, plain as day: "No AI used." As if going solo in the writing game was some Herculean achievement, as if shunning assistance was the ultimate badge of honor. Can you believe that? Why on Earth should I be crucified for wanting a bit of help in my hustle? Newsflash, folks: outsourcing tasks to a more competent "entity" doesn't equate to surrendering our dignity.

I get it, we're a bunch of anxiety-riddled beings, wired to fear the unknown. Our caveman instincts scream at us to huddle in the safety of our caves during a storm. But guess what? We're not in the survival era anymore; this is the age of evolution. We can saunter out of those caves in the middle of a tempest, hop into our sleek cars, punch in some coordinates, and zoom ahead. It's time we wired our brains to embrace change, to embrace the audacious shift that AI brings.

Hold tight, because the boogeyman in this tale isn't AI itself, it's our precious notion of "smartness." Oh, you've got a genius IQ? Society throws confetti. Got a score that's not quite up there? Well, society doesn't have much use for you. We're hooked on this IQ game, competing to outsmart each other. But what happens when you're pitted against a machine that outpaces, outthinks, and outperforms you? Suddenly, the playing field's not so level anymore. Maybe the issue isn't AI; perhaps it's our tunnel-visioned definition of self-worth tethered to intellect. AI might just nudge us to value other skills, like creativity and communication.

Picture this: all those mind-numbing tasks you dread? A virtuoso can take care of them. That leaves you time to be the shining star in your realm of expertise. Imagine you're zipping through your workload in half the time – what would you do with those extra minutes? Dive into subjects that light your fire? Sip coffee with pals on a whim? Cherish moments with your loved ones? And guess who's here to lend a hand? The AI, that brilliant assistant, and guess what? It's a cost-effective one.

Let's dream big. Let's welcome AI into our fold. Heck, it's not a dream; it's reality knocking on our door. Let's harness AI to amplify our existence, not wage war on it out of fear for our jobs. Let's envision a world where AI is our sidekick, making us sharper, more compassionate, and hyper-connected. Yeah, some jobs might take a hit, just like during the Industrial Revolution. But remember, we adapt. Those who persist in their roles will find themselves in a collaborative paradise, understanding that we're not isolated islands; we're all part of a greater whole. And as a whole we can and will take care of each other.

And one more thing, let's give credit where it's due: this blog? It got a makeover by the one and only ChatGPT  🚀💪

Barbie: Redefining Beauty, Equiality and Acceptance

July 31st 2023

I watched the movie "Barbie" and knew it would be special. Firstly, because it brought back memories of my childhood when I played with Barbies until I was about 15 – a bit older than expected, but I loved creating love stories for her and Ken. She was so beautiful and delicate that I wanted to be like her unconsciously. While Barbies weren't my favorite toy (I adored stuffed animals as if they were real), they were great for playing with friends and imagining scenarios of success for women.

If you haven't seen the movie, I recommend it, and if you decide to continue reading be cautious of spoilers ahead. Some people argue that the movie feels like a big Mattel commercial, but I don't mind because I believe its messages go beyond that.

What stood out to me the most was the opportunity to have conversations with people of all ages about a society that might not have changed as much as we hoped. For instance, I had an unexpected discussion with my Dad about what we liked in the movie. He mentioned the deliberate use of cartoonish scenery and colors, parodying the superficial world we often aspire to live in, presenting our "perfect" lives on social media. Talking about Barbie with my Dad was something I never imagined, let alone hearing him say he liked it.

The movie portrays many stories that women have believed for too long. I enjoyed the exaggeration and absurdity of seeing a desperate Ken seeking Barbie's acceptance and living in a world dominated by women. It's equally absurd to continue living in a male-dominated world, but that reality is not as amusing. One of my favorite scenes was when street workers stared at Barbie, making her feel unsafe and vulnerable. It's essential for men to witness this because women's safety in the streets is not solely our responsibility; it's theirs as well. We should protect each other and help each other feel safe.

Another aspect I appreciated was how Barbies discovered their own power without needing to "be" or "do" anything to be accepted by men or to feel valuable and useful. Depressive Barbie was particularly compelling because it highlights the ups and downs of life, and that's okay. It's okay to feel, disagree, cry, seek change, lose faith, and ask for help. Finding solutions and starting again, hopeful for the best, is part of the journey.

The concept of an ordinary Barbie was also impactful. A doll as important as the President one, just for existing. It carries the message that all individuals hold inherent value and significance. Leaving aside the continuous competition we’ve normalized as individuals, and breaking the idea of value of people according to their successes or bank accounts.

Overall, the movie invites us to embrace ourselves just as we are, without the need to be better, more beautiful, or smarter than anyone else. It encourages us to appreciate our own uniqueness and talents while celebrating the contrasts among women in a world that seeks equality, integration, openness, and acceptance of differences: a world that’s ready for all of this. Just as Barbies greeted each other as "Barbie," acknowledging their oneness, we can recognize that we're all part of the same human family and honor that unity. Goodbye Barbie, goodbye Ken.

¡Dejemos las falsas modestias!

Julio 20 de 2013

Tengo la costumbre de preguntarle a mi novio quién es lo más lindo, a lo que solía responder que Lula, la perrita bebé de una amiga, que es absolutamente adorable. Luego debatíamos y llegábamos a la conclusión de que él era entonces lo segundo más lindo. Así por meses, siempre llegábamos a la misma conclusión: Lula era lo más lindo y él iba después. Sin embargo, hoy cuando volví a preguntarle, me sorprendió al decir que él era lo más lindo en primer lugar. Le pregunté qué había pasado con Lula y me explicó que se había dado cuenta de que no, que él era lo más lindo. Le dije que me alegraba que finalmente se hubiese dado cuenta y que dejáramos atrás las falsas modestias.

¿Sabías que eres increíble, llen@ de poder y perfect@ dentro de tus imperfecciones?

Desde pequeña siempre he sido poco modesta, y cuando me hacen un cumplido, respondo con un "mil gracias, ya lo sabía" y guiño el ojo. No lo hago para molestar o minimizar el cumplido, sino porque no soy gran fan de la modestia. Me siento bien reconociendo y honrando la magnificencia que sé que soy.

Creo que con la excusa de ser modestos, nos acostumbramos a dar por sentado nuestros talentos, diferencias y virtudes. Nos resulta más fácil centrarnos en lo que carecemos, en nuestros errores y faltas bajo la excusa de "querer ser mejor". ¿Sabes qué? ¡No hay nada que mejorar! Eres perfect@ tal y como eres.

Creo que en otro blog ya te había contado que una vez me dijeron que la ira era uno de mis talentos. A partir de ahí, decidí dejar de querer cambiar para aceptarme tal y como soy. Observo mi ira, la tomo de la mano y le doy todo mi amor, para que juntas hagamos lo que estamos convencidas de que debemos hacer.

No tengo idea de cuáles sean esos talentos disfrazados de defecto que creas que tengas. Puede ser que sientas que deberías bajar algo de barriguita, quitarte una que otra arruga, ser más sonriente y menos hermitañ@, o dejar de ser parrander@ para quedarte más en casa. No importa de qué se trate. Mírate, conócete y revisa desde dónde te hablas. ¿Te hablas desde la perfección que eres? ¿O desde la imperfección que también eres? Porque recuerda que vivimos en un mundo dual. Y esto hace toda la diferencia, porque si empiezas a generar un cambio desde la convicción de que ya eres perfecto, disfrutas del proceso, vas viendo cómo sucede a través de ti, no gracias a ti; permites que la vida fluya hacia ese cambio sin presiones ni prisas, sin identificaciones ni aspiraciones. No tienes que lograr nada, porque al fin y al cabo sabes que eres perfect@ tal y como eres, no hace falta nada.

Estoy convencida de que soy perfecta, sin importar a lo que me dedique, cómo luzca o cuál sea mi nivel de inteligencia. Soy perfecta porque "soy" y eso basta. Cualquier adjetivo que venga después del "soy" es solo temporal. Soy mujer, ingeniera, madre de dos gatos, etc. Da igual, nada de eso me define, porque si dejara de ser cualquiera, igual seguiría siendo yo. Y ya tengo más que comprobado que tampoco soy mis pensamientos, ideas o emociones, porque esos sí que mutan con el pasar del tiempo.

Soy perfecta porque soy. Igual que tú y cada ser en el planeta. Ya dejé de ser modesta y cada vez me lo creo más. Deja tú también la falsa modestia y disfruta de lo maravillos@ que eres, sácalo a la luz, muéstrale al mundo sin pudor todo lo que tienes para regalarle.

Trabajar cuesta cada vez menos trabajo 

Julio 10 de 2013

En estos días he considerado la pregunta ¿qué haría si no tuviera que trabajar? Me contesto llena de ilusión imaginando que dedico más tiempo a actividades como la lectura, el ejercicio y las reuniones con amigos. Sin embargo, la realidad me ha demostrado que es la escasez de tiempo lo que realmente me lleva a la acción, no su abundancia. 

Durante mis años de estudio de Ingeniería Industrial en la Universidad Javeriana, tuve que equilibrar mi carrera con el trabajo como profesora de inglés para financiar mis estudios. Recuerdo que en tercer semestre decidí enfocarme exclusivamente a mis estudios, ya que tenía el dinero suficiente y buscaba mejorar mi rendimiento académico.  Paradójicamente, ese fue el peor semestre de toda mi carrera, donde incluso perdí 3 materias. Me di cuenta de  que tener tiempo de sobra me llevaba a posponer tareas y trabajos, dándole prioridad al descanso que antes no podía permitirme.

En cambio, los demás semestres, a pesar de ser intensos y exigentes, me obligaban a administrar mi tiempo de manera eficiente. Siempre lograba dar todas mis clases, estudiar, reunirme con amigos y mantener una vida social activa.  La escasez de tiempo me impulsaba a ser ordenada y cumplida en todas las áreas de mi vida. 

Desde entonces, me encanta estar ocupada. Organizar reuniones, planificar mis actividades y ver mi calendario lleno de cosas por hacer me llena de satisfacción. Es importante destacar que en mi calendario incluyo tanto mis responsabilidades laborales como las personales, ya que considero que ambas son igualmente importantes y prioritarias para mí. 

Ahora, cuando me siento cansada y me pregunto qué haría si no tuviera que trabajar, me doy cuenta de que probablemente me aburriría por montones. Pasar horas pegada a Netflix y a las redes sociales me deprime un poco, siento que me desconecto de mí misma y me convierto en un autómata que sigue las directrices de un algoritmo sin resistencia alguna.

En cambio, al estar ocupada y disfrutar lo que hago, mi curiosidad se despierta y estoy constantemente leyendo sobre nuevos temas, tendencias y metodologías. También escucho podcasts y asisto a entrenamientos para seguir aprendiendo. Mi compromiso con mi trabajo me ha brindado la satisfacicón de adquirir nuevos conocimientos y habilidades que no habría obtenido si tuviera una vida más relajada. Posponer las cosas hasta que haya una sensación de urgencia que probablemente nunca llegue es una trampa en la que no deseo caer.

Es esa escasez de tiempo la que me motiva a levantarme temprano por las mañanas para practicar yoga y meditar. Luego, me preparo para enfrentar el día con las reuniones cotidianas. Estoy segura de que si no tuviera esas reuniones pasaría todo el día diciendo que más tarde haría yoga y meditaría, ya que al fin y al cabo tendría todo el día por delante. Pero al final no haría nada, y sentiría culpa por mi falta de compromiso conmigo misma. 

Si pienso objetivamente, cada trabajo que he tenido me ha llevado a descubrir nuevos mundos. En mi pasado como vendedora de soluciones de IT a nivel regional, aprendí habilidades de negociación y me especialicé en Saas, Iaas, Mesas de Ayuda, Seguridad de la información, ERPs y CRMs. Amplié mis conocimientos sobre Smart y Design Thinking, y exploré el mundo ágil. Por lo tanto, siempre estaba aprendiendo y eso hacía que mi trabajo fuera sumamente interesante. En mi trabajo actual como mentora en manejo de emociones a través de la práctica de Mindfulness, he tenido la oportunidad de conocer personas maravillosas y ser testigo de  transformaciones humanas extraordinarias. También he formado alianzas con seres increíbles que generan cambios positivos en el mundo. He aprendido sobre la neuro plasticidad del cerebro, el funcionamiento de las emociones y los pensamientos, y he profundizado en conceptos actuales como la justicia restaurativa, la diversidad, la inclusión y la equidad y la inteligencia artificial.

Por lo tanto, siento que trabajo para mí, para explorar nuevos mundos, para comprender mejor el entorno en el que me desenvuelvo y aprovechar cada minuto para adquirir conocimientos y establecer relaciones con expertos que abren mi mente y mi corazón.

Si en estos días te está costando trabajo trabajar, te animo a que reflexiones desde qué perspectiva lo estás haciendo. Pregúntate qué harías si no tuvieras que trabajar y sé honesto contigo mismo. Podrías darte cuenta  de los aprendizajes y contribuciones que te perderías y que, como ser único en el mundo, sólo tú puedes ofrecer. 

Hoy estoy teniendo un día de m**rda 

Junio 29 de 2013

Por lo general, cuando me siento a escribir, me aseguro de estar en un estado mental amoroso, alineado con mi creatividad y propósito. Me sirvo una taza de café, pongo música y navego por las ideas y palabras que van surgiendo. Sin embargo, hoy es diferente. Hoy escribo para desahogarme, como un ejercicio de catarsis. 

Mi día es de m**rda porque así es como tiene que ser. No puedo ni quiero cambiarlo, ya que en la realidad de la vida hay días buenos, otros regulares y otros de m**rda. Claro que a la realidad ya se le está yendo la mano, hoy recibí la respuesta de una cliente informándome que su presupuesto corresponde a la tercera parte del valor de mi oferta, otros negocios de menor envergadura fueron cancelados, y siento que mi cuerpo se tensa y mi energía se vuelve pesada. 

Y lo que generalmente pasa en estos momentos es que el camino se oscurece, los esfuerzos parecen inútiles y la esperanza se desvanece. Es aquí donde surge la pregunta ¿Para qué tanto esfuerzo? ¿Será que vale la pena? La verdad es que la experiencia me ha enseñado que este no es el momento adecuado para contestar. Antes de hacerlo debo estar en un lugar de equilibrio, un lugar que veo distante en los próximos minutos. Lo positivo es que la culpa ya no se suma y que la autocompasión toma su lugar. Entonces, ¿qué hago? Lo dejo ser. Ya no tengo la expectativa de ahuyentar mi incomodidad, confusión, miedo e impotencia. Sé que van a estar momentáneamente y que no me definen. Por lo tanto, me trato con todo el amor que necesito en este período de bajón, el mismo amor con el que me he entrenado durante años. Me digo a mí misma frases como “Sé que estás haciendo tu mejor esfuerzo y sabes qué? Es absolutamente suficiente”, “Sé que te sientes mal, sé que quieres que todo salga bien, pero ten en cuenta que hagas lo que hagas y pase lo que pase, yo estoy aquí contigo y cuentas con mi apoyo por siempre y para siempre”, “Te amo Adriana, no tienes que ser ni hacer nada, te amo tal y como eres ahora”. Me sumerjo en estas frases, en mi autocompasión y siento cómo se alivia la carga.

Otra herramienta que utilizo es una que aprendí hace más de 10 años en un curso de “El Arte de Vivir”. La herramienta se llama “¿Y qué?”. Consiste en hacerte esta pregunta cada vez que notes algo que no te guste, ya sea que lo hayas causado tú o alguien más. Me explico: supongamos que estoy en una reunión de trabajo o personal y digo algo incorrecto, cometo una equivocación y se produce un malentendido. Me doy cuenta y me hago la pregunta “¿Y qué?”. No puedo borrar lo que dije, y culparme y castigarme no resuelve nada, solo empeora las cosas. Así que sí, hago frente a lo que dije, asumo la responsabilidad del error y ofrezco una propuesta de reparación. Listo. Pero no voy a seguir dándole vueltas a lo que ya no tiene revés y mucho menos voy a tomar el papel de victimario con la persona que más amo en el mundo: yo misma. Lo mismo ocurre si el error lo cometió otra persona. Me hago la misma pregunta: ¿Y qué? ¿Acaso no me ha pasado a mí algo similar? ¿Y no he salido adelante de la situación? ¡Heme aquí! Entonces, ¿quién soy yo para juzgar el error de esta persona como juez supremo? Sí, cometió un error, ¿y qué? ¿Puede solucionarlo? Adelante. ¿No hay solución? Acéptalo y sigue adelante. 

“¿Y qué?” cambió mi vida, porque esta pregunta abierta me permitió darme cuenta de que no es necesario ser perfecto, ni que los demás lo sean. También se valen los días de m**rda, simplemente porque son así y ya está.

Espero que esta técnica también cambie tu vida, que la uses a diario y te tomes la vida de una manera más relajada, sin tomártelo todo tan a pecho. La vida ya es lo suficientemente desafiante como para decidir complicarla con juicios, rumiaciones y culpas. 

Espero sinceramente que esta lectura te haya sido provechosa. Y si no lo fue, ¿y qué?

La única forma de salir es atravesando

Junio 23 de 2023

A menudo nos enfrentamos a los problemas de la misma manera que las emociones difíciles: queremos que desaparezcan y no vuelvan más. Anhelamos una solución mágica que nos libere del embrollo y que nos proteja permanentemente, permitiendo que solo experimentemos lo mejor de la vida. Sin embargo, a pesar de nuestros esfuerzos por evitar lo inesperado y no deseado, los malentendidos y los conflictos siguen surgiendo con frecuencia, dejándonos impotentes e incluso desesperanzados.

La vida parece querer enseñarnos que nuestra percepción de control es una ilusión, ya que seguirán ocurriendo situaciones que no nos gustan, con las que no estamos de acuerdo y que no creemos merecer. Quizás, cuando finalmente asimilemos esta lección, dejaremos de ignorar, negar o juzgar lo más ineludible de todo: el momento presente. 

Entonces podremos tomar medidas, porque la vida seguirá siendo como es, no como queremos que sea. En este sentido, es mejor comprender que la única forma de superar los problemas es atravesarlos, enfrentándolos con valentía y buscando alternativas de solución que surjan de una mente tranquila. Porque de una mente activa, estresada y temerosa solo surgirán más complicaciones del mismo problema, en forma de justificaciones, exageraciones o culpabilidades.

Parte del entrenamiento mental para atravesar el problema consiste en determinar cómo abordarlo. Tomemos como ejemplo un conflicto, que puede afrontarse de manera punitiva o restaurativa. El enfoque punitivo plantea las siguientes preguntas:

  • ¿Cuál es el daño causado?
  • ¿Quién lo causó?
  • ¿Cómo se le castigará?

Si te das cuenta, toda la atención se centra en el “agresor” y las alternativas de solución son nulas. Aunque parezca ridículo, esta es la forma en que la mayoría seguimos resolviendo conflictos, ya sean personales, laborales o incluso legales. Lo importante es que quien haya cometido la falta pague las consecuencias de sus actos. Así, si por ejemplo se presenta un conflicto en mi lugar de trabajo porque uno de mis compañeros no entregó su informe técnico para la elaboración de la propuesta comercial para el cliente, lo que importa es llamar la atención al colega para que no vuelva a pasar, pero el daño causado al cliente permanece desatendido.

Por otro lado, el enfoque restaurativo plantea las siguientes preguntas:

  • ¿Quién resultó afectado/ lastimado?
  • ¿Qué necesita esa persona?  
  • ¿Quién es el responsable de proporcionar lo que necesita?

Fíjate que esta vez la atención se centra en el “agredido” y la última pregunta busca soluciones de reparación. Por lo tanto, en el mismo ejemplo, pueden establecerse alternativas para minimizar el impacto en el cliente.

Es importante tener en cuenta que en este enfoque, por lo general, ambas partes se sientan en el mismo espacio para evaluar lo que sienten, frente a frente, con el objeto de generar empatía y responsabilidad. Aquí es indispensable la intermediación de un mediador experto y este método solo es efectivo si se realiza un seguimiento adecuado y se cumplen los compromisos. A veces, la restauración completa no se logra, pero sí se puede lograr la reparación. Y eso es mucho más de lo que se obtiene con un método punitivo tradicional.

Espero que este breve escrito te anime a adentrarte en el tema de la resolución de problemas, con el fin de que, a través del conocimiento y la práctica, logremos reconectar nuestras mentes y  romper con patrones, permitiéndonos llevar vidas más armoniosas con la realidad. 

Inteligencia Emocional: El camino hacia la calma y el autodescubrimiento 

Junio 15 de 2023

Todos quisiéramos mantener un estado mental de calma, claridad y seguridad en el que todo esté bien. Sin embargo, la realidad es que esto es muy difícil. Los desafíos que enfrentamos a diario nos hacen dudar de nosotros mismos, de nuestras capacidades, y nos hacen volver al pasado una y otra vez en busca de respuestas sobre qué podríamos haber hecho diferente. El presente se vuelve confuso y oscuro, ni qué decir del futuro.

Existe la idea de que aquellos que practicamos la meditación ya hemos resuelto todo, sobre todo aquellos que han alcanzado 10,000 horas de práctica, a quienes llamamos gurús. Se cree que están en otro nivel y que nada los afecta. Eso es falso, ningún ser humano escapa al constante cambio de pensamientos y emociones. Lo que sí puede pasar es que la regulación emocional sea tan rápida, que sea imperceptible para los demás. La práctica te lleva a identificar tu estado mental en ese momento y a volver, a regresar al aquí y al ahora, a tu estado mental original, a disminuir la frecuencia de tus ondas cerebrales. Personalmente aún no he llegado a ese punto, así que sigo entrenándome paciente e intencionalmente, sin afanes.

El entrenamiento de regulación emocional se logra a través de prácticas de Inteligencia Emocional, que afortunadamente se ha reconocido su importancia desde la década de 1980, tanto como su contraparte la inteligencia lógica. En términos sencillos, la inteligencia emocional tiene 3 aristas: autoconocimiento, autoregulación y automotivación. ¿Qué conocemos? Conocemos nuestros patrones, a qué nos estamos identificando, cuál es nuestra charla mental. ¿Qué regulamos? Regulamos nuestras emociones, cómo reaccionamos con rechazo o aprensión a lo que nos sucede, oscilando entre sentimientos de bienestar y malestar dependiendo de la situación de vida que estemos experimentando. ¿Qué motivamos? Motivamos el ser conscientes y consecuentes con el estilo de vida que deseamos vivir, prestando atención a nuestra alimentación, cómo cuidamos nuestro cuerpo, nuestras relaciones y nuestro descanso.

Sé que puede sonar un tanto abrumador, pero aprender a vivir en el momento presente, utilizando tu inteligencia emocional y cuidando de tí de manera holística es más fácil de lo que parece. Sólo tienes que empezar con el primer paso, que es conocerte a tí mismo. Aceptarte tal y como eres, sin querer cambiar nada. Sin juicios ni expectativas. Sólo observar: “Ah! Tengo este pensamiento o esta emoción ahora, qué interesante”. Y darte mucho amorcito. No importa lo que veas, no importa lo que encuentres, estás ahí para tí, no tienes que ser perfect@, solo tienes que ser tú.

Luego, poco a poco ese conocimiento se convierte en regulaciones y motivaciones que te llevan a un nuevo patrón de comportamiento, que, eso sí, seguirá contigo toda la vida. Porque el cuidado que te brindas a ti mismo es para siempre.

El problema no radica en saber qué hacer, sino en hacer lo que ya sé

Junio 06 de 2023

Uno de los primeros programas de Con-Ciencia se centró en la alimentación consciente. Realizamos un Reto de 5 días con un selecto grupo de personas, donde experimentamos el placer de comer deliciosamente, de forma nutritiva y con plena atención, para así desarrollar hábitos saludables. El Reto era una experiencia maravillosa, ya que cada día los participantes recibían un desayuno sorpresa en casa, con objetivos por cumplir, y nos encontrábamos dos veces al día para aprender y practicar técnicas de “mindful eating” (alimentación consciente).

Estos 5 días eran extraordinarios, ya que Karen y yo podíamos acompañar a cada persona en su proceso. Al final, todos nos sentíamos contentos y satisfechos. Sin embargo, el problema se presentaba un mes después. Cuando retomábamos contacto con nuestros graduados, nos dimos cuenta de que muy pocos seguían practicando la atención plena al comer y la motivación inicial había desaparecido. Las 30 herramientas que se habían aprendido durante el Reto eran olvidadas y la mayoría retomaba hábitos que sabían que no deseaban ni necesitaban.

¿Te ha pasado algo similar? ¿Has empezado un proyecto o una idea con plena convicción y, con el tiempo, has ido desvaneciéndote sin siquiera darte cuenta, prefiriendo regresar a tu estado original aunque no sea tu ideal?  Estoy segura de que sí, porque a todos nos ha pasado. Esto, por supuesto, debería brindarte cierta tranquilidad, ya que no hay nada mal contigo ni te falta voluntad o disciplina. Se trata de cómo está conectado tu cerebro. Tus conexiones cerebrales ya están establecidas y tu cerebro optará por seguirlas porque es lo más fácil. Es como volver a casa del trabajo por el mismo camino todos los días. Lo interesante de nuestro cerebro es que es neuro-plástico, es decir, puede formar nuevas conexiones cerebrales. ¿Y cómo se logra eso? Haciendo cosas diferentes repetidamente. En otras palabras, si deseamos cambiar hábitos, debemos formar nuevas conexiones al realizar acciones distintas. Por eso, saber lo que debemos hacer no es suficiente, debemos llevarlo a cabo.

Somos conscientes de lo difícil y desalentador que resulta cambiar hábitos alimentarios, ser más activos físicamente o mejorar nuestras relaciones. Sabemos que ya lo hemos intentado antes y que los resultados solo duran unos pocos días, y terminamos cansados y desilusionados porque nuestros esfuerzos no son recompensados como esperábamos. Pero, ¿sabes qué más sabemos? Que no estamos solos y que existen muchas formas de solucionar un mismo problema. Sabemos que podemos apoyarnos en nuestro círculo de cuidado (familiares y amigos), y que hay estrategias que pueden impulsarnos. Aquí te presento tres:

  1. Divide y conquistarás: desglosa tu objetivo en partes más pequeñas, acciones que sean casi imposibles de rechazar. Luego, a medida que observes progresos, ve incrementando gradualmente. Por ejemplo, si mi objetivo es practicar yoga durante media hora al día, puedo empezar con 10 minutos. 
  2. Juega para ganar: en toda competencia participan más de una persona. Juega con una o varias personas de tu círculo de ciudado que compartan el mismo objetivo. El ganador se llevará un jugoso premio. Por ejemplo, si quiero aprender a cocinar junto a mi pareja, aquel que prepare la cena más rica del mes obtendrá una salida al cine. La intención es disfrutar del proceso, no solo del resultado final.
  3. Recuerda que eres imperfecto: lleva un registro de tus logros, sin importar si tienes un día de desfallecimiento. Recuerda los 3 o 5 días anteriores en los que lo lograste y retoma el camino lo antes posible. Está bien tener momentos de debilidad, nos pasa a todos. Deja de presionarte. Si tropiezas, sacúdete las rodillas y emprende camino nuevamente.

La persona que somos está en constante cambio. Deja de etiquetarte y haz lo que debes hacer. Hazlo y descubre un mundo lleno de nuevas experiencias que esperan por tí. 

Y a todas estas, ¿qué es éxito?

Mayo 26 de 2023

Me acuerdo de un cura mexicano que decía que tener éxito es querer hacer un huevo frito y que no se te rompa. Esta definición está chévere porque el objetivo es sencillo y te brinda la oportunidad de aprender y desarrollar las habilidades necesarias para lograrlo, incluso si los primeros intentos no salen como esperas.

Según el Dr. Srikumar Rao, el éxito no está tanto en los resultados, sino en el crecimiento personal que experimentas durante el camino hacia la consecución de esos resultados. Me explico, imagina que quiero tener una casa grande, con jardines y piscina. Ese es mi objetivo, y para alcanzarlo debo seguir un camino que me permita obtener el dinero suficiente para comprarla. También podría comprar el baloto o esperar una herencia, pero para fines de esta explicación consideremos el ejemplo más común: trabajar para conseguir lo que quiero.  En este caso, el camino es mi trabajo, la forma en que me gano la vida. Por lo tanto, si cada día me siento desdichada, quejándome de lo horrible que es mi trabajo y de cómo no recibo el reconocimiento que merezco, no estoy teniendo éxito, porque no estoy disfrutando del camino. Si por el contrario, amo lo que hago, si me emociona crear cosas nuevas y si veo los obstáculos como desafíos que puedo superar, entonces sí estoy logrando el objetivo de disfrutar del camino. Y déjame decirte que este segundo escenario no es en absoluto romántico, porque disfrutar del camino no implica ignorar las dificultades que surgen constantemente, tanto laboral como personalmente. Al contrario, implica confiar en que, sin importar lo que se presente, tienes las habilidades para manejarlo o la oportunidad de crecer y adquirir las que necesites. Y eso hace parte del disfrute.

Esta perspectiva del éxito difiere en gran medida de lo que socialmente entendemos como éxito. Me recuerda un meme genial donde dos señoras de la alta sociedad están conversando y una le dice a la otra: “Mi hijo es médico”, y la otra contesta: “El mío es feliz”. 

Creo que la definición de éxito también varía según si te consideras exitoso o no. Para la mayoría de personas “exitosas” que conozco, el éxito está ligado a tener mucho más dinero del necesario, para adquirir objetos y experiencias que los distingan de los demás, y les permitan vivir de manera exclusiva. Parece haber una correlación directa entre su éxito y la cantidad de envidia que pueden generar. Por otro lado, para aquellos que consideramos “no exitosos”, el éxito es una utopía esquiva y lejana que han dejado de perseguir porque ya no tienen ni fuerzas ni fe en sí mismos para acanzarla.

Mi sueño es que el sentir masivo de éxito sea más inclusivo, interdependiente y accesible. Me gustaría que fuera tan normal compartir el éxito entre todos que cuando veamos en Instagram una selfie de un antiguo amigo o conocido en la Torre Eiffel, lo primero que nos venga a nuestra mente sea un sincero “qué bueno, me alegro por él, ojalá la esté pasando genial”.

Para mí, el éxito se trata de poder despertarme por la mañana sin prisas, tomándome mi tiempo para sentir el suave roce de las sábanas, abrir los ojos de a poquitos y dejar entrar la luz en ellos lentamente, mientras me digo a mí misma que me amo con todo mi ser, tal como soy. Esta definición de éxito ha evolucionado con el tiempo, he pasado por varias etapas, incluyendo las que mencioné anteriormente. Seguramente, también esta cambiará con el tiempo, como todo lo demás. Sin embargo, la vivencia de éxito que siento hoy me encanta, porque me brinda propósito, me conecta con la maravilla y el milagro de despertar cada día, y me hace sentir que formo parte de un todo.

Espero que tengas claridad en tu definición de éxito hoy en día. Y si aún no la tienes, tómate un momento para que definirlo y perseguirlo con paciencia constante, sin afán, con dedicación, esmero y determinación. No te creas el cuento de que el éxito es exclusivo para unos pocos, porque está al alcance de todos; es tu derecho divino, no lo desperdicies. 

¿Cómo la ves?

Mayo 17 de 2023

Quiero dejar claro que soy una fiel creyente y seguidora de las normas… ¿o  quizás no lo soy?

Esta mañana tomé un bus alrededor de las 9:00am. Como sé que mujer precavida vale por dos, ayer recargué mi tarjeta muy juiciosa. Lo que se me olvidó fue llevarla conmigo. Así que me quedé buscándola incrédula por varios segundos en mi billetera, revisando cuatro veces en el mismo sitio, porque uno nunca sabe. 

Evidentemente no estaba allí y mi memoria me recordó exactamente dónde la dejé, información inútil e inquietante en ese momento. Un señor que notó mi cara de preocupación me sugirió que pidiera a alguien que pasara su tarjeta y yo le pagaría. Como estaba lejos de casa sin opción de devolverme por mi tarjeta, me animé a intentarlo. Y aquí es donde la historia se vuelve interesante, porque sucedieron muchas cosas.

Me encontré directamente con la indiferencia cuando le pregunté a dos mujeres si podían ayudarme. Una me dijo que su tarjeta era personalizada, a lo cual le contesté que no importaba, ya que he usado dos pasajes al tiempo y el lector los cobra normalmente. Rápidamente me respondió que su tarjeta era para la tercera edad. La segunda mujer me dijo que su tarjeta era del Sisbén. Así que allí estaba yo, sintiéndome chiquitita, bastante sola y además ridícula y avergonzada, porque eso es lo que ocurre cuando le pides favores a extraños, entras en una dimensión de vulnerabilidad exacerbada. La tercera señora me indicó que pasara con ella por la registradora al mismo tiempo, para que cobrara solo un pasaje. Siguiendo su consejo, lo hice y entonces…

Me llamaron la atención. El conductor, con toda razón, me dijo que debía pagar. Le expliqué que no tenía tarjeta y busqué apoyo en la señora con la que había pasado, quien me hizo señas de que continuara, encogiéndose de hombros y susurrando un "de malas, sigue fresca". Ante su invitación, seguí adelante, ignorando las reprimendas del conductor. Sin embargo, él, de manera inteligente, me dijo: "Señora, si no paga, no arranco". En ese momento...

Entré en pánico. ¿Y ahora qué hago? Un señor muy amable me preguntó qué ocurría y le pedí prestada su tarjeta, prometiéndole pagarle mi pasaje. Él me la entregó sin dudarlo, la pasé y así se solucionó el problema con el conductor. Como agradecimiento, le di los 5 mil pesos al señor y él me dijo que no tenía cambio. Le dije que no se preocupara y que agradecía mucho su ayuda. Luego me dirigí hacia el fondo del autobús y allí..

Fui testigo de rectitud y empatía. Permíteme explicarte. El señor que me prestó su tarjeta buscó los dos mil pesos que debía devolverme y me los hizo llegar hasta atrás, donde yo estaba. Lo busqué con la mirada y le agradecí, esquivando a varias personas que lo tapaban. Él levantó la mano en señal de “de nada”. Lo que me llamó mucho la atención y me pareció hermoso fue su acto de rectitud. A su parecer, lo correcto era devolverme el cambio, a pesar de que le había dicho expresamente que no era necesario. Pasando el billete de mano en mano, me lo hizo llegar. Esta actitud humana de “hacer lo correcto” me impactó profundamente y me pareció muy lindo de su parte. Además, sentí empatía porque varias personas a mi alrededor se pusieron de mi parte, en contra del conductor. Me decían cosas como “ni que él pagara” o “cómo en Transmilenio sí se cuelan y no pasa nada” o “espero que ese señor no necesite ayuda en un futuro” y cosas así. Yo simplemente sonreía y asentía un poco avergonzada, porque en realidad no pensaba como ellos. Pensaba que era una aprovechada y no podía esperar viajar gratis cuando todos los demás habían pagado. Como mencioné al principio, me encanta seguir las normas y creo que debemos cumplirlas. Entonces me quedé pensando en todo lo que me sucedió en esta aventura y…

Llegué a la conclusión de que la realidad depende en gran medida de cómo la ves (de ahí el título del blog), desde qué perspectiva estamos viendo las cosas y que no existe una sola verdad, ya que nuestras perspectivas cambian tanto como nuestras circunstancias de vida, y sólo a través de la diversidad de experiencias podemos entender a los demás. Desde mi privilegiada posición, siempre he criticado enérgicamente a quienes se cuelan en el transporte público, porque considero injusto que unos paguen mientras otros se aprovechan. Sin embargo, me dí cuenta de que mentalmente estaba creando una división entre los “malos” (los colados) y los “buenos” (los que pagan). Y me encantó estar hoy en el grupo de los “malos”, de los aprovechados y los colados. Porque pude ver un poco su perspectiva, incluso vivirla. Quizás aún no comparta su posición, pero los entiendo. Entiendo que no se trata de ser aprovechados, sino de que muchas veces les resulta difícil pagar el pasaje debido a sus ingresos increíblemente bajos, y que más que recibir miradas de desprecio, necesitan una sonrisa empática y una mano amiga. 

Y, por supuesto, reflexiono un poco sobre nuestro sistema socioeconómico, con sus pronunciadas diferencias y en cómo a través de la empatía puedo iniciar una revolución basada en el amor para convertirnos en la nación más empática de todas. Comprendiendo que la empatía no consiste en  lo que yo haría en tu lugar, sino lo que harías tú.

¿Cómo la ves, te unes a la revolución?

¡Por fin estoy a la moda!

Mayo 12 de 2023

Últimamente he visto a mujeres llevando camisas de colores fuertes, con una manga pomposa y la otra en tirita, combinadas con pantalones negros anchos y derechos; y se ven divinas y súper chic. Estar a la moda siempre me ha parecido chévere porque lo que llevas puesto fuera te alegra el corazón por dentro, y pocas cosas te hacen sentir más segura de tí que llevar el atuendo perfecto y generar miradas de admiración y aprobación.

Dentro de las pocas cosas que te ayudan más a esa autoconfianza es el autoconocimiento y la autoaceptación. Estos dos términos se ahondan en profundidad cuando hablamos de Salud Mental, que es un concepto que está igual o más de moda que las llamativas camisas.

Por eso estoy feliz, porque por fin estoy a la moda, tal vez no con las camisas, sino con el boom de la Salud Mental. Ahora todos estamos hablando de ella: en las corporaciones, en los colegios, en los encuentros de amigos, en las sesiones de terapia; hasta los religiosos la titulan en sus panfletos invitando a unirse a su piadoso movimiento.   

Y eso me encanta porque otrora no podíamos hablar de Salud Mental, era un tabú; dábamos por sentado que todos éramos perfectos, con vidas perfectas y emociones y mentes perfectas. Sólo en los círculos más cercanos podíamos confesar que algún miembro de la familia sufría de depresión, o que tuvimos que pedir vacaciones porque estábamos pasando por un severo episodio de ansiedad. 

En cambio hoy podemos ser más abiertos y honestos, podemos mostrar valientemente nuestra vulnerabilidad, sin hipocresías ni máscaras. Cuando hice mi Diplomado de Mindfulness recuerdo que una de mis profes nos dijo: ¿Cuál es el problema, si todos somos enfermos mentales? Y nos reímos y debatimos y concluimos que sí, que todos sufrimos de querer controlar lo que sentimos, todos nos frustramos, nos entristecemos profundamente y carcajeamos inoportunamente. Por lo tanto aún a hoy me considero una enferma mental reconocida.

La enfermedad mental sucede porque nos identificamos con emociones que sólo son pasajeras, porque vivimos constantemente en el pasado y en el futuro, en vez de vivir en el presente, que es realmente el único tiempo que es real, él único que siempre es, porque siempre es Ahora. 

Y bueno, por cosas del destino enfoqué mi atención e intención en investigar sobre la Salud Mental y encontré que hay 5 aspectos fundamentales que la nutren, que son: la regulación de emociones, el buen dormir, mantener relaciones interpersonales de confianza, la alimentación cognitiva y el movimiento coporal. 

Hablando de este último punto, muchos de nosotros cuidamos del cuerpo con pasión y convencimiento de que así cuidamos de nosotros mismos, y por supuesto que es un componente muy importante, pero no el único; entrenar tu mente hacia la regulación de emociones, tener al menos una persona con quien contar y alimentarte y descansar adecuadamente tienen la misma importancia.

Entonces, para cuidar de mi Salud Mental ¿debo atender estos 5 aspectos? Sí! Empieza por el que te resulte más fácil y ve expandiéndote a los demás, explorando nuevos hábitos que te llamen la atención y que consideres pueden ser útiles y atractivos para tí, pero ponte en marcha, pruébalo y disfruta cuidar de tí holísticamente.

Si puedes verlo no tienes que serlo

Mayo 3 de 2023

Las emociones son de lo más fascinante en la experiencia humana. Fíjate, sin darte cuenta, de forma inmediata el gesto de alguien te arruina el día y rumias y rumias sobre el por qué del desaire y te la pasas intentando recordar qué pudiste haber hecho para merecerlo. O ves a un bebé pegarse una buena carcajada y de repente todo está bien, ya no tienes problemas en el trabajo, la humanidad ya no es violenta y el planeta ya no está sobrecalentado. Nos la pasamos de emoción en emoción constantemente; ellas llegan a nosotros sin avisar y muchas veces nos sentimos presas de ellas, porque queremos controlar cómo queremos sentirnos, queremos estar siempre “bien”.

Y aquí se presentan dos realidades, la primera, que el problema no radica en la emoción per se, sino en nuestra identificación con ella. Es decir, si en este momento se presenta la angustia, por ejemplo, la angustia y yo nos volvemos uno, no hay nada más que pueda percibir distinto a esta angustia y por lo tanto sufro. Es horrible sentirla, no la soporto, quiero evitarla a toda costa. Y cuando empiezo a darme cuenta de que ignorar la emoción con distracciones, o buscar justificaciones, o culparme por sentirla, o intentar entumecerme no funcionan empieza el pánico, porque no encuentro formas de controlar esta horrible emoción. 

La segunda realidad es que cualquier emoción se rige por la Ley de la Impermanencia. Es decir, todas las emociones, pensamientos y sensaciones tienen la misma característica, todas llegan, se quedan un rato y luego se van. Lo que pasa es que entre más intentemos rechazar emociones difíciles, más van a volver de forma reiterativa a nuestra mente; esto sin darnos cuenta por supuesto… no somos masoquistas, o por lo menos no intencionalmente. 

Es por eso que tenemos la sensación de que emociones como la angustia, tristeza o preocupación duran días enteros, o incluso meses. Y si damos la vuelta a la moneda y nos sentimos plenos, dichosos y tranquilos, queremos que esta emoción dure para siempre; y la vida nos ha evidenciado que la Ley de la Impermanencia no hace excepciones y por eso de nada sirve querer aferrarnos a lo que identificamos como “bueno”, puesto que todo cambia. 

Entonces, cuál es la solución? Entiende a tu mente y entrénala. Tu mente tiene 3 estados: el de seguridad, el de lucha o huye y el de congélate. El primer estado es en el que funcionan todos los sistemas del cuerpo de forma balanceada, aquí buscamos conexión, respondemos positivamente a los demás, percibimos seguridad en ellos y generamos señales de amistad y acercamiento. En el segundo estado se enciende nuestra alarma interna, nos sentimos en peligro y debemos decidir rápidamente si hacemos frente a la amenaza y luchamos o mejor salimos a correr a toda velocidad para protegernos; aquí el cuerpo se inunda de adrenalina y cortisol, se tensan los músculos y el cuerpo disminuye actividades que no son críticas para su supervivencia inmediata como la capacidad de raciocinio o el funcionamiento del sistema digestivo. En este estado es fácil malinterpretar señales, como ver caras furiosas que en realidad son neutrales o percibir experiencias imparciales como peligrosas. En el tercer estado se activa nuestra mente reptiliana, nuestro sistema nervioso se apaga, nos desasociamos y nos sentimos congelados, entumecidos, se inhibe el movimiento a niveles celulares y de mitocondria y hay pérdidas de energía que no pueden ser recuperadas mientras permanezcamos en este estado. 

¿Te ha pasado que te chocas con alguien en la calle y aunque no haya sido tu culpa lo primero que dices es: “Discúlpeme, lo siento” y sonríes y sigues tu camino sin más? Bueno pues en ese momento estás en el estado de seguridad. Y otro día te chocas igual con otro sujeto y lanzas un amargo: “Tenga más cuidado por favor”, y sigues refunfuñando porque la gente no atiende ni por dónde va. En ese momento tu mente estaba en estado de lucha o huye. A todos nos ha pasado, y por la Ley de la Impermanencia no podemos esperar permanecer para siempre en el primer estado mental. Lo que sí podemos hacer es volver ahí intencionalmente. ¿Cómo? Lee mi siguiente blog.

Mentira! Todo está en observar la emoción, eso es todo. Si puedes verlo, no tienes que serlo. Es decir, si noto que estoy preocupada porque no he cumplido con los objetivos de este mes, por ejemplo, el solo hecho de percatarme de esa preocupación y no seguir por ahí en piloto automático, hace que mi mente vuelva paulatinamente al estado de seguridad. Por eso es tan importante que nos entrenemos hacia notar qué pensamiento, emoción o sensación hay ahora, porque la identificación de la emoción como emoción y no como “yo” genera un espacio donde puedo escoger llamar a otra emoción, una que me ayude a regular la preocupación que ya identifiqué, como la auto-compasión, por ejemplo. 

Aprender a regular tus emociones es maravilloso, porque se presenten las que se presenten dejan de ser un karma para convertirse en una suerte de caleidoscopio que te va fascinando a medida que va mutando.

Por eso te propongo un experimento de 3 días: Evalúa tu estado mental.

Empecemos ahora, asigna un número a cómo te sientes ahora:

1-3 Seguro (estás tranquilo, apto para conectarte con los demás)

4-7 Lucha o huye (estás más activo, debes lidiar con una amenaza)

8-10 Congelado (estás entumecido, apagado)

Muy bien, el experimento consiste en hacer esto mismo en los siguientes momentos del día:

  • Al despertar
  • En la mañana
  • A la hora del almuerzo
  • En la tarde
  • Antes de dormir

Sólo debes asignar un número (según el estado mental en el que estés) a estos 5 momentos durante 3 días, así vas a notar patrones, algunos momentos del día donde vas a estar más activo, y cuál es la línea base en la que por lo general está tu estado mental. Si puedes verlo, no tienes que serlo.

Reconocer las emociones es el primero de 5 pasos para regular las emociones, pero ahora sí, ese es otro blog.

¿Qué es Weiji?

Abril 30 de 2023


¿Has oído la palabra Weiji? Tal vez no la recuerdes al leerla, pero su significado puede resultarte familiar. Weiji es una palabra antigua China que quiere decir “Crisis” y la usan también para decir “Oportunidad”.

Me imagino que debe ser como el “Berraco” colombiano que a veces lo usamos para denotar ira, y otras para exaltar una actitud de fuerza y empuje. Pero bueno, no nos desviemos del tema.

Imagina que en una conversación entre amigos chinos uno le cuenta al otro que por “Weiji” ha decidido abrir un nuevo negocio para explorar ingresos adicionales. ¿En ese caso, está hablando de crisis o de oportunidad? Porque con “berraco” el contexto sí te expone la intención de la palabra claramente. 

Como en realidad no es posible saber si la idea del nuevo negocio viene de una situación de miedo o escasez (crisis) o de ilusión y conveniencia (oportunidad) seguramente en la mente de los chinos estos dos conceptos están íntimamente ligados. Es decir que la crisis sí o sí trae consigo oportunidades nuevas, oportunidades de crecimiento, de creación, de cambio. E inversamente cada oportunidad conlleva a situaciones de dificultad, oscuridad e incertidumbre. 

Para nosotros en occidente puede resultar novedoso que Crisis y Oportunidad sean tan hermanas porque estamos acostumbrados a que nuestra mente vaya a los extremos y nos diga que las crisis son terribles en su totalidad, mientras que las oportunidades están llenas de sol y cantos de ángeles, donde todo es perfecto porque la vida nos ha sonreído.

Sin embargo, si observas atentamente tu vida seguramente encontrarás que cada momento de crisis te llevó a hacer cosas de forma distinta, que aprendiste y de alguna forma no volviste a ser el mismo; y que cada vez que llegaron oportunidades increíbles atrás venían también dificultades no previstas y en realidad no fue tan color de rosa como lo anticipaste en tu imaginación.   

Y dada esta evidencia individual, podemos sumar las de cada uno para entender que igual suceden las crisis y oportunidades a nivel comunidad, país, mundo. Porque dentro de nuestras mentes extremistas la crisis económica, social, política o ecológica que esté sufriendo tu país (porque hoy todos los países están en crisis) es culpa de otros, de los gobiernos, bancos, millennials o hasta tus padres, como quieras. Lo importante es buscar culpables, generar divisiones y quejarnos, porque eso es más fácil que unirnos hacia la construcción de sociedad en la que queremos y merecemos vivir.

Así, la invitación de hoy es que en vez de que estés berraco por la Weiji- Crisis que vive tu comunidad (pareja, familia, ciudad o país), más bien te espabiles, te remanges la camisa y seas lo suficientemente berraco como para tomar acción y aprovechar la Weiji- oportunidad que se te presenta AHORA. 

Encontrando refugio en los días oscuros: una guía para La Paz mental y la claridad

Abril 18 de 2023

Hay días de días. Hay días donde todo fluye, desde el desayuno la yema del huevo frito no se rompe y queda con la textura perfecta para reventarla con el pan y la disfrutas con la cantidad perfecta de sal; y de ahí en adelante todo va viento en popa. Llegas a tiempo a tus compromisos, cierras negocios y terminas el día haciendo el amor con el hombre de tu vida.

Hay otros que son desastrosos, empiezas quemándote la lengua con el café hirviendo para luego bañarte con agua helada, y recibir el mensaje de un cliente irresponsable que te deja plantada luego de 20 minutos de espera y de largas horas de preparación para el encuentro. Y tu estado de ánimo se va cada vez más al piso y te cuesta comunicarte empáticamente y te culpas y culpas al mundo entero porque no entiendes por qué todo tiene que ser tan difícil, y tu salud mental se sigue debilitando y el círculo vicioso sigue todo el día, hasta que por fin llega la noche y te acuestas con una mente agitada y con dificultades para conciliar el sueño.

También hay días que son combinados, tienen de todo un poco, son más neutrales, caben dentro de tu normalidad y por lo tanto pasan más bien desapercibidos. Estos son los que la mayoría tenemos más en el año. 

Así que, ¿qué hacemos en esos días oscuros donde recibimos malas noticias, nos sentimos ofendidos, rechazados o ignorados? ¿En esos días donde nuestros errores saltan a la luz y nos sentimos solos en un mundo lleno de egoísmo, envidia y superficialidad? Ahí podemos irnos a nuestro Refugio, como nos aconseja Thich Nhat Hanh. El Refugio queda adentro tuyo, así que puedes acceder a él en cualquier momento y la puerta a él es la atención en tu respiración. La única forma en la que podemos vivir en un mundo tan complejo con situaciones tan reiterativas que no podemos controlar es yendo a nuestro refugio con regularidad. Y este Refugio, donde estás protegido, donde hay esperanza y claridad es más fácil de encontrar en tus días “buenos” o “neutrales”; porque intentar entrar a tu refugio en los días “oscuros” va a ser mucho más difícil si no has practicado el camino de llegada antes. El Refugio es el lugar dentro de tí donde encuentras paz, donde alimentas tu humanidad, donde te entrenas para aceptar lo que es para luego desde una mente clara ver alternativas que te lleven a la acción. 

Yo he estado en tus zapatos, sé lo que es entregarte a un estilo de vida en el que por alguna o varias razones no te sientes pleno; si continúas haciéndote el de las gafas con tu salud mental, si continúas repitiéndote que esto ya pasará y te abstienes de entrar a tu Refugio, es más probable que el dolor escale a sufrimiento y que el peso de vivir se haga cada vez más persistente, porque la realidad del mundo, con sus innumerables incomprensiones van a seguir manifestándose; y sólo desde una mente fuerte, desde una mente entrenada se descubren velos de confusión para ver una realidad que es a la vez excitante, noble y conmovedora. Te dejo con unas palabras de Thich Nhat Hanh:

“Al practicar ir a tu Refugio, te conviertes en una isla de paz, de compasión, y puedes inspirar a otras personas a que hagan lo mismo. Es como un bote lleno de personas cruzando el océano. Si se encuentran con una tormenta y todos entran en pánico, el bote se vuelca. Pero si hay una persona en el bote que permanezca en calma, esa persona inspirará a las demás a permanecer en calma. Y luego habrá esperanza en todo el bote.”

Vivimos en el bote constantemente, ¿tú qué persona quieres ser?

¿Perdón, te conozco?

Abril 12 de 2023

En esta semana, en el Club de Bienestar, Karen nos guió con una meditación acerca del perdón. Me encantó la forma como se abordó, porque inició con el perdón de tí hacia tí por el daño que hayas podido causar a otros, luego pasó al propio perdón por los perjuicios que te hayas causado a tí mismo y termina con el perdón que puedes practicar hacia terceros que te hayan herido.

La primera práctica me resultó súper fácil, porque he venido entrenando a mi mente durante años para que logre aceptarme como soy, con las múltiples y coloridas facetas que componen lo que yo llamo mi “Ser”; y aunque en efecto veo que vivo más fluida que antes, por supuesto sigo haciendo y diciendo cosas de las que luego termino arrepintiéndome. Lo bueno es que ya no me importa, es decir, si le digo algo feo a mi novio por ejemplo, o las hormonas me instan a armar la de Troya porque no es capaz de cerrar la crema de dientes bien, pues que pase lo que tenga que pasar y luego veremos, no me guardo nada y si tengo genuinas ganas de pelear, pues pelea habrá. Y al momentico ya me estoy perdonando, sin más. Yo sé lo que estás pensando: pero qué descaro. Y te entiendo, yo pensaba igual, no te imaginas lo dura que era conmigo y cuánto luché con mi “Ira”, cuánto quería cambiarme y lo avergonzada y culpable que viví por décadas. Hasta el día que mi profesora de Mindfulness me dijo que ella, la “Ira”, era mi talento. Por supuesto cuando me lo dijo quise mejor pegarle un puño, porque no era justo que luego de años de luchar contra esta horrible característica de mi personalidad ahora resultara que era un talento. Tuvieron que pasar años para que pudiera entenderlo, entendí que es pasajera, que no hay nada que hacer cuando se presenta salvo aceptarla, permitirle expresarse y mostrarle la puerta para que pueda irse. Empecé a aceptarme con o sin ira, a dejar de juzgarme ni buscar cambiarme, sólo amarme; con todo y equivocaciones, no más reproches ni culpas. ¿Y sabes qué? El lugar de la culpa lo ocuparon la observación y el espacio para decidir. Ahora me pregunto si realmente quiero pelear o no por la pasta de dientes y un amigo de la ira, que es el sentido común, por lo general prevalece y son menos las veces que decido sacrificar mi bienestar por cosas tontas como querer tener la razón. 

Esta autocompasión, que es un súper poder y que me cambió la vida, también me permitió perdonarme fácilmente por las innumerables veces que me he traicionado o criticado y puedo decir con orgullo que ahora son pocas las veces que me hago daño; debe ser porque me considero mi mejor amiga y yo a mis amigos los cuido con el corazón.

Pero la última parte de la práctica, la de perdonar a terceros por lo que me hayan hecho ¡sí que me costó trabajo! Y esto me llamó mucho la atención. Porque yo estaba convencida de que no había más rencor en mi pecho y que mi autocompasión se había expandido hacia compasión por los demás y resulta que no es tan así. Resulta que la vida me trae nuevos momentos de dolor y aceptar a quienes me hieren no es tan fácil, más cuando son personas cercanas. Y luego me acordé de este poema de Rudy Francisco:

“Tal vez
debamos amarnos tan ferozmente,
que cuando otros nos vean
sepan exactamente
cómo debe hacerse”

Y decidí que voy a darme mi tiempo y seguiré valorando mis esfuerzos. Y además he resuelto que así como me hago exfoliación para sacarme células muertas, así mismo debo tomarme el tiempo y esfuerzo de sacarme las células muertas del resentimiento, porque la vida va a seguir tirándome bolas curvas y cada quien hace lo mejor que puede con el nivel de consciencia que tiene y si me perdono el no ser perfecta, ¿por qué no puedo hacerlo con los demás? Así, entrenándome hacia perdonar a otros seguro voy a sentirme mejor, porque como la exfoliación, lo hago por mí, por quitarme esas molestias que no me permiten andar en libertad. 

¿Qué diferencia a un líder consciente de los demás?

Marzo  31 de 2023

Su capacidad de cambio.

Seguramente te has encontrado con personas que continúan arraigadas a formas de pensar tradicionales, personas que se sienten tan cómodas con el “esto siempre ha sido así” que cuando se ponen nuevos conceptos sobre la mesa se cierran y expresan su rechazo sin permitir siquiera ampliar la información o crear conversaciones. Y esta forma de actuar se basa en la forma como está configurado nuestro cerebro, así que lo que está intentando hacer esta persona es protegerse de lo que desconoce. 

Cada vez que le des la opción, el cerebro va a preferir lo conocido sobre lo desconocido. Por lo tanto, si vengo manejando un concepto, una idea o un hábito desde hace algún tiempo, la única forma de cambiarlo es convenciéndome racional e intencionalmente de los beneficios que me daría el explorar espacios que en un principio me resultan nuevos e inciertos.

Por supuesto, lo tradicional no siempre es obsoleto, ni lo moderno lo más apropiado para la organización; por lo que estar abiertos a las proposiciones de cambio no quiere decir que necesariamente se van a tomar decisiones a favor del mismo, quiere decir que lo innovador y lo convencional se evalúan con la misma objetividad. 

Entonces, ¿por qué es tan importante la capacidad de cambio? Porque es evidente que la Ley de la Impermanencia juega de las suyas constantemente en nuestra sociedad. Fíjate, ¿cuántas predisposiciones, taras o conjeturas que tenías hace 5 años ya no están? Yo he cambiado hasta de color favorito.  La humanidad está pasando de la era de la Supervivencia a la era de la Evolución, por eso los cambios de percepciones del mundo son tan evidentes y cada vez lo van a ser más.

¿Qué pasa si mi capacidad de cambio está un tanto oxidada? No pasa nada, acá te decimos cómo entrenarte en sólo dos pasos:

  1. Desidentifícate del concepto o idea; eso está fuera de tí, no eres tú. ¿Eres team Shakira o team Piqué? Da igual, es simplemente una inclinación de pensamiento por A o por B, no eres tú, por lo que escuchar opiniones distintas o incluso opuestas puede afectar tu percepción actual, puesto que la nutre, mas no te afecta a tí como persona, porque repito, es simplemente una posición, no eres tú.
  1. Cultiva tu curiosidad. Si crees que ya lo sabes todo o casi todo, esto va a dificultar que la inmensa cantidad de información novedosa existente te toque, te abrace y te complemente. La curiosidad es indispensable para una mente abierta.

Cuando fortalezcas tu capacidad de cambio te darás cuenta de que lo más interesante es que con ella vienen como hermanitas complementarias, la aceptación de la diferencia, la apertura a estar equivocados sin avergonzarnos y el interés genuino por aprender cosas que antes te parecían difíciles o poco interesantes. 

Así que si por estos días estás revisando cómo has crecido en tus habilidades de liderazgo presta especial atención a tu capacidad de cambio y dada su inevitabilidad, más vale que más que acostumbrarnos a él, disfrutemos de su paso por nuestra mente, emociones y situaciones de vida.

Y ya sea que decidas ahondar o no en tu capacidad te cambio, recuerda que como líder comprometido con el éxito sólo debes ser tú, con una Fuerte-Mente.

¿Por qué hablar de Fortalecimiento Mental cuando hablamos de Éxito?

Marzo  10 de 2023

Porque este mundo moderno necesita líderes que se sientan emocionados con sus vidas, con quienes son, con lo que hacen y cómo lo hacen.

Muchos vivimos el éxito a medias, porque viene con cadenas de cansancio, sensación de insuficiencia y falta de apreciación de los demás, aún cuando damos lo mejor que tenemos, desde la mejor versión de quienes somos.

¿Cuántas veces nos hemos sentido poco valorados, agotados o mal entendidos, no sólo por personas dentro de la oficina, sino también dentro de nuestro ámbito familiar?

Es como si sin darnos cuenta, se nos dificultara disfrutar de este éxito que hemos venido construyendo con tanto esfuerzo. Y esto se debe a que tenemos una programación mental de expectativa en el futuro y de falta de aceptación de lo que es, que nos lleva a pensamientos de insatisfacción o simplemente a una sensación de vacío.

Un ejecutivo, llamémoslo Martin, de más de 50 años nos comentaba que era la primera vez que se fijaba en sus modelos mentales y que se daba cuenta de que podía re-entrenar su mente. Es un hombre de familia que a lo largo de su vida tuvo cargos directivos y que recientemente tuvo que ausentarse de su trabajo por altos niveles de ansiedad. Martín estaba convencido de que la auto-crítica y auto-exigencia lo llevaría a cambiar actitudes que había identificado entorpecían su claridad mental y por lo tanto su productividad; actitudes como la irritabilidad, la inconsistencia y la reprochabilidad en las faltas de los demás. Sin embargo, al continuar con el mismo modelo mental de rigidez que lo llevó a su exceso de intranquilidad y preocupación al contrario de mejorar, fue empeorando progresivamente. Con nuestro programa Fuerte-Mente Martín tuvo la oportunidad de poner en práctica herramientas concretas como Nacer, la Linterna, el Semáforo, la Transferencia de Responsabilidad, entre otras, que en poco tiempo fueron desmantelando esos modelos mentales que ya no le servían. Hoy Martín tiene una relación más estrecha con su mente, continúa prestándole su atención y realizando prácticas que le permiten sentirse más sereno y confiado.

Por supuesto, el caso de Martín ya era crítico, sin embargo, hay varios detonantes que hoy pueden estar contribuyendo a que muchos líderes se sientan desalentados y confundidos. Y la realidad es que el éxito, en todas sus formas, económico, social, intelectual y personal, vale la pena ser disfrutado, de lo contrario, para qué esforzarnos? No normalicemos lo que no es normal; no es normal estar cansados y estresados la mayor parte de la semana, no es normal sentir que el tiempo no alcanza, no es normal que nos cueste relacionarnos, ni es normal ignorar nuestra mente.

Cuando conocemos nuestra mente, la entrenamos y la hacemos nuestra aliada, podemos afrontar las tensiones de la vida,  trabajar de forma productiva y fructífera, y aportar a nuestra comunidad con todo lo que nos hace únicos.